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Coronavirus, Viajes, Aislamiento y el Valor de la Libertad

Desde que comenzó la crisis del COVID-19 tomé la decisión de no publicar nada en relación al tema, ni siquiera lo relacionado estrictamente a materia de viajes como las decisiones de cada aerolínea respecto a cambios y cancelaciones de billetes, etc.

Entendí que ya todo el mundo lo estaba haciendo y replicar el mismo contenido no tenía demasiado sentido, lo que sí hice fue responder dudas de lectores en la sección de comentarios del blog, pero poco más.

En mi quinto día de aislamiento (voluntario en un principio, y obligado a día de hoy) siento la necesidad de reflexionar sobre algunas cosas y explicarles como se fueron articulando los sucesos.


Viajes Cancelados y Aislamiento Voluntario

Al recibir las primeras noticias desde China a finales de Enero creí que se trataba de un virus más como otros tantos (gripe aviar, gripe porcina, etc) y en un principio desestimé la idea de modificar mis planes de viajes para este semestre.

Ya cuando se desató la crisis en Italia y tuve verdadera noción de la tasa de contagio, rápidamente entendí que iba a ser un problemón de escala global y cancelé absolutamente todos mis compromisos hasta Julio.

A medida que la situación comenzó a agravarse en España tomé la decisión de aislarme voluntariamente con mi familia,  y llevo 5 días dentro de mi casa en Barcelona sin verdadera noción de cuando podré abandonarla. Podrían ser meses, nadie lo sabe aún.

Durante el transcurso de estos días el gobierno de España fue tomando medidas restrictivas que convirtieron mi aislamiento voluntario en obligatorio, y actualmente no se permite a ningún ciudadano circular por las calles sin justificación (laboral, médica, etc)

Apenas salí de mi casa desde entonces, solo para ir a buscar algunos básicos…

Que hago todo el día? No mucho realmente. Mi principal objetivo era escribir reseñas de viajes que tengo atrasadas para el blog, pero no encuentro demasiada inspiración.

Leo, reflexiono y me ocupo de distraer a mi hijo de a ratos, asumiendo daños incalculables.

Y sobre todo como. Como como un condenado, y siendo incapaz de engordar no tengo límites.


El valor de la salud y la libertad

Estos valores son el eje escencial de mis relfexiones. Es curioso que en medio del ajetreo diario uno apenas se detenga a pensar en ellos, y en cuanto los ves mínimamente amenazados te replanteas un montón de cosas. Y me hace sentir muy culpable por momentos.

El de la salud lo tengo más presente, porque alguna vez me ha faltado y otras tantas sentí que podría faltarme. Como buen hipocondríaco tengo algo de experiencia en el tema.

Pero el valor de la libertad es realmente la primera vez que lo hago carne. He pasado por situaciones en las que la he visto amenazada, pero fueron momentos cortos y de mucha menos incertidumbre.

Actualmente no puedo salir de mi casa, no puedo desplazarme, no puedo volar a mi tierra, no puedo visitar a mis padres ni a mi hija. No puedo ni siquiera hacer planes a futuro porque desconozco cuando volveré a recuperarla.

Para alguien que se pasó la vida viajando por el mundo y tomando decisiones de último minuto, para alguien que raramente pasa un mes seguido en un mismo lugar esto resulta una prueba de carácter tremenda y un auténtico remolino emocional.

Ya no estoy al comando de mis decisiones, y estoy intentando aprender a convivir con eso.


Conclusión:

Evidentemente no veo la hora de salir de aquí y volver a moverme con libertad, pero tengo muy presentes mis obligaciones y la convicción de que ahora lo único que necesitamos es la generosidad de cada uno de nosotros para conformar un comportamiento colectivo que nos haga transitar esta situación con la mayor brevedad.

Pienso en nuestros abuelos, que no tenían un pinche virus dando vuelta sino una guerra sobre sus cabezas! Ellos sí que la pasaron mal… hambre, éxodo, precariedad, muerte… Lo nuestro es apenas un desafío al lado de lo que les tocó vivir a ellos.

Probablemente esto me deje una enseñanza y me ayudará a ver la vida con otros ojos, a ser más consciente del valor de las pequeñas cosas que damos por descontadas pero que en realidad penden de un hilo extremadamente fino.

Espero salir de esta más fuerte, más agradecido, mejor ser humano, y les deseo a todos exactamente lo mismo.

Suerte, paciencia y mucho amor.

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